sábado, 8 de diciembre de 2012

Pablo Neruda.


Poema 15
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Típico.


No adviertes que es lo común hasta que no buscas simplezas en lugares ajenos y te das cuenta de que no existen, de que no las han inventado. Te llevas las manos a la cabeza y los llamas locos, ¡locos!. Cuando el loco eres tú por pensar que todos somos iguales. No actuamos del mismo modo, y no sabría especificar cuál es mejor. Desde mi posición, en mi endogrupo, me da por pensar que mi opción es la mejor, pero eso es una locura, una majadería, un atrevimiento. ¿Quién es totalmente imparcial como para decidir qué es lo mejor? Además, qué más dará si es lo mejor o lo peor, simplemente importa que quién viva allí, de aquella manera, sea feliz así.

¿Somos quienes para imponer nuestro criterio allá por donde vamos? ¿O debemos deshacernos de todos nuestros “típicos” cuando donde estemos no lo sean? No lo entiendo y no lo sé. En la pluralidad se encuentra la magia. Debemos plegarnos dejando en la frontera lo que somos y acogiendo lo que vemos. No, no lo comparto. Aunque cada vez somos todos más parecidos. No entiendo porque nos empeñamos en hacer moldes iguales, por cortarnos a todos por el mismo patrón. Debemos o no plegarnos, ¿quién lo decide? ¿la moralidad? ¿la moralidad tiene siempre la voz cantante? Pero… no nos damos cuenta que incluso esa moralidad es diferente, es ambigua, no es imparcial. Moralizamos las cosas siempre desde nuestra estructura mental, que no es sino una representación personal de aquello que aceptamos, y no, de nuestra sociedad.

Saldremos y veremos, y nos miraran, con curiosidad ambas cosas. Hasta nuestro caminar nos traiciona y nos posiciona. No dejaremos indiferente a los ojos que nos ven, si tan opuestos somos a ellos. Provocaremos risa en ellos y posible que ellos en nosotros pena. Pena, pero pena por no entender su felicidad. Por ser avaros y codiciosos y aún así infelices. Y con sus simplezas, las cuales quizá no encontrarían en nuestro país, les basta y les sobra; y en cambio nosotros necesitamos tanto, tanto. Estamos tan atados y estigmatizados.

martes, 6 de noviembre de 2012

Ya es nada.


¿Cuándo quedamos? Sabes de sobra que me gusta escucharte y más aún verte. Poner cara de interés cuando hablas mientras pienso que es la mayor chorrada que he oído. Pero sé que te gusta hacerte el interesante y yo te doy ese placer. Porque no pierdo nada y tú te sientes importante, así piensas que aún ejerces ese poder sobre mí, pero no es así.

Siento que ya puedo leer tras de ti. Antes, un ambiente de interrogantes te envolvía. Una niebla de peculiaridad, singularidad. Pensaba que ese haz escondía un tesoro interno; pero ahora me doy cuenta de lo lejos que estaba de la realidad. Apenas era… nada. Eso es, nada. Solo nubes superficiales. Un velo que nada cubría, sin materia sustancial.

Tienes una de esas fachadas que a cualquier publicitista gustaría tener. Vendes por ti mismo. Eres un envoltorio bonito; que promete más de lo que tiene. Por dentro estás vació  roto, inconexo. Por eso cuando traspasas la niebla, sientes que un ideal se desvanece. 


Pero aún así siento la necesidad de perder mi tiempo contigo. Aún sabiendo de ti, más que tu mismo. Aún dándome cuenta de que la realidad está desvirtuada y eres como un cuadro de arte moderno. 

viernes, 19 de octubre de 2012

Alma.


Es perecedero, con cada barrida se esfuma. Pero no evita que aún esté impregnada su esencia en este lugar. La de quien estuviese aquí, y tenga un recuerdo afable. Está aferrado al gotéele de las paredes, bajo la alfombra o el doblez de las cortinas. Son pequeñas partes del alma que vamos perdiendo allá por donde pisamos; siempre y cuando queramos recordar, por mínimo que sea, ese rincón.

Si encuentras pequeños trozos de otras almas, no los toques, no los muevas. Si lo haces, puedes perturbar su descanso. En tal caso, tus sueños serán invadidos por esos recuerdos. Esto no es necesariamente malo, suponiendo que esos recuerdos deben ser felices. Todo depende de la polaridad de tu alma y la de el dueño o dueña de tal recuerdo. Si vuestras almas se complementan tus sueños serán igual de afables que sus recuerdos, pero sino, tus sueños serán pesadillas. Desearás no haber intentado invadir los recuerdos de aquel que los depositó allí, sin intención de que otro los encontrase.

El riesgo es grande y la fortuna escasa. Te insto a vivir, de la manera más pura y sentida. Si lo consigues, aún sin querer, pedacitos de tu alma se descamarán, para impregnar el espacio con tu carácter. Y serán muchos los que encuentren esa escama y solo tú podrás, revelarles tu alma o negarles la entrada. Crecerá en ti o desaparecerá el recuerdo, en dirección a cuántas veces te reveles o te escondas. La proporcionalidad, directa o indirecta, depende de ti.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Paso.

En mi vida siempre he sido un nexo. Como un andén en el que te bajas aturullado de un viaje para montarte sosegado en el siguiente tren. Soy camino de paso, punto de encuentro. La pieza que une diferentes puzzles. Soy el nudo que estrangula el rio para acortar el camino. Todo pasa sobre, por, en mi y poco queda. Muchas veces las uniones que creo se vuelven duras como los diamantes, tan duras, que no les permite recordar los andenes pisados, los nexos de unión.

Se que mi trabajo es bueno, duradero. Vosotros me lo decis sin hablar. Pero, a veces, quiero algo de estabilidad, compañia en mi efimera pero permanente acción.

Lo malo que tienen los lugares de paso es, que no son importantes, no son ni la salida ni la llegada. Apenas un punto por el que es necesario pasar para poder llegar a donde se quiere ir. Pero su transcendencia en la vida de una persona carece de la importancia de la cual se le deberia otorgar. Por que si tu nunca pasas por él jamás conseguiras llegar al fin que en ese momento deseas.

Cierto es que esto es una generalización. Siempre hay gente que llega por casualidad, se enamora y se queda. Porque este no es el mejor lugar, pero es acogedor, seguro y amable. Aunque todo esto no quita a las asperezas de la a veces sindeceridad. Porque necesario es conocer nuetros errores si nuestra senda queremos mejorar, cambiando los cardos por cuidados y coloridos jardines.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Today.


Dormía con un ojo abierto, temeroso de que le pudiese pasar algo. El tiempo pasaba y él cambiaba. Crecía, se transformaba. Su papel muchas veces invisible, pero su acción notoria y poderosa. Impregnaba de esencia su cuerpo y le hacía pensar. No quería quedarse con solubles pensamientos que se deshiciesen en la noche, quería pensamientos pesados de esos que vuelven a la cabeza en todo momento. Leyes de vía podríamos llamarlo, cultura de la actuación.

Su labor no era fácil, no estaba definida ni preparada. Contaba con el contratiempo de la improvisación, del error inmediato. Nadie le había puesto barreras, ni normas y hacía lo que creía oportuno. No buscaba incomodar, todo lo contrario; quería realizar bien lo que le tocaba, pero no siempre la suerte corría de su lado y eran muchas las veces en las que esta tropezaba y erraba en sus pasos.

No tenía mucho tiempo y no le gustaba pasar en vano por los sitios. Duro era el trabajo que desempeñaba para que su esencia se quedara, aunque en pequeñas porciones, en aquel lugar que parecía estar cargado de la carga negativa que repelía a su carga positiva. Poco a poco y con esfuerzo los polos se iban volviendo neutros y parecía fluir energía entre ambos. Era algo cansado, pero la mínima muestra de mejoría era un afluente de ánimo.

Solía huir de las grandes acciones por miedo a no saber abarcarlas. Sin embargo, en su interior era lo que necesitaba hacer. Necesitaba hacer algo grande, algo bueno, pero siempre, algo invisible. Le gustaba el reconocimiento como a todo el mundo, pero no era eso lo que buscaba. Solo buscaba mejorar un poco aquellos sitios en los que estaba. Una vez le dijeron que tenía una habilidad, hacer pensar a la gente. No sabía si eso era bueno o malo, o si eso implicaba que él también pensaba. Pero poco a poco iba teniendo sentido en su cabeza, y comprendía con mayor exactitud esas palabras.

Era gratificante ver a la gente pensar, las muecas en sus caras, la incredulidad que estas reflejan. Pensando podemos manifestar en nosotros sensaciones escondidas, sensaciones desconocidas; y es probable que muchas ellas desagradables. Porque darse cuenta de las cosas suele doler, no es un paseo entre nubes de algodón de caramelo; es más bien un camino a través de campos de cardos bien afilados. 


lunes, 23 de julio de 2012

Mascara.


No voy a esperar a que los sueños tengan el dominio de mi vida. No permitiré que tengan más peso que la lucha diaria. No quiero que llegue la noche para poder vislumbrar la vida que quiero. Quiero tenerla y eso no se hace en colchones de algodón y almohadas esponjosas. Eso se hace sobre cristal, sobre piedra, sobre ruinas. Con yagas en la piel y heridas en el corazón. No quiero refugiarme en la comodidad de mi colcha de color. Quiero sangrar de rabia y sonreír de dolor. De un dolor que curta y me haga fuerte. Para que ni las fuerzas de la naturaleza me puedan hacer caer. El ritmo de mi caminar lo marco yo. Y mis tacones repercutirán en tus oídos tanto como mi ímpetu desee.

Si es necesario me esconderé tras de una máscara. Una máscara que me haga poder ver mi vida desde fuera y así optar por la mejor opción. Recapacitar. Descansar. Tomar fuerzas. Pero no para esconderme, si no para entenderme. Porque para ser fuerte no vale con la fuerza de prestado, necesitas fabricar tu propia fuerza. Al ser tuya, nadie será capaz de separarte de ella.