Las personas cambiamos. Evolucionamos. Nos trasformamos. Y eso, es inevitable. ¿Por qué?, porque vivimos. Interactuamos. Aprendemos. Las experiencias de vida nos condicionan. No podemos dejar de relacionarnos con el mundo. Y somos como esponjas, cogemos lo que nos conviene, lo que nos gusta o en otras ocasiones lo que nos viene dado. No somos vegetales y por tanto es imposible no reinventarse.
Somos capaces de cambiar y añadir esos cambios a nuestro bagaje; pero por el contrario nos asusta que lo que está próximo a nosotros cambie. Nos da miedo, porque no somos capaces de controlarlo. Nos gusta dominar nuestra vida, en el sentido de no perder las riendas de la misma. Queremos tener una coherencia entre lo que queremos ser y somos, para no provocarnos disonancia. Y también lo que está a nuestro al rededor. Puesto que el entorno ejerce una gran influencia sobre nuestra persona. Esto es algo inevitable.
El día que te vayas comenzaré a tejer. Tejeré una manta de mil colores. Los colores harán tangibles los mil matices de sentimientos que tu provocas en mí. Cada punto que teja, será por cada momento que te eche de menos. Dejaré de tejer el día que vuelvas. El resultado de mi tejer, esa manta, la usaremos para arropar nuestros sentimientos, para que no se enfríen, se mojen o se puedan alejar demasiado. Será la manta que guarde entre sus cadenetas los secretos que solo tú y yo tenemos y no se pueden contar. No se pueden contar por respeto, por no dar envidia de lo que nosotros tenemos y otros ansían.
Me gusta imaginarme historias. Historias en las que tú siempre eres el protagonista. Pero en esas historias no siempre el papel protagonista está compartido conmigo. Me gusta imaginarte con otras. Que conozcas distintas mujeres. Con el fin último de que elijas. No sé por qué, será por mi amor propio, pero fíjate tú, que ese fin, sí que es siempre conmigo. Mírame tonta de mí, a veces me creo mejor que otras. Es posible que sea porque no las conozco y por eso me crezco. Aunque nadie me ha dicho quien es mejor o peor, yo me lo imagino, o al menos es lo que espero. Porque quiero que valores y te des cuenta de que yo soy lo que deseas; y por supuesto, yo sí que te deseo a ti. Así que anhelo que algún día vuelvas, aunque sea solo para decirme que te vas con otra. Pero que yo, no fui una más, sino que fui importante, aunque no la mejor. Y entonces todo volverá a comenzar, la misma historia, pero con otros protagonistas. Hasta que el ansiado final feliz llegue para quedarse.
Esto no consiste en tenerte entre mis piernas, no. Se trata de tenerte entre la espada y la pared. De tenerte acorralado y atado, para que aprendas lo que es ser presa de algo. Sentirás ausencia de libertad y así valorarás la importancia de la inexistencia de cadenas, trampas, en definitiva, trabas. El fin es que comprendas que estás aquí y allí y en todas partes, si es conmigo. Y que la libertad es necesaria y el respeto también; para ello están las normas. Hay normas que nadie ha escrito pero que todos conocemos, aunque no está de más clarificarlas y sentenciarlas para no dar lugar a error y equivocación.